Sobre la suerte, perdona que no sepa nada
Yo me reparto las 12 (mil) uvas
en litros de vino durante el año.
Para que vengas
si me atraganto
con ese lazo del vestido que te convierte en regalo.
De ningún árbol.
Tengo
que
abrirte
Tampoco es nada nuevo,
éste despedirse
me sabe a tarde de domingo
de una semana de 365 días
sin ganas de ningún lunes.
Pero qué coño
vas a ser mi despropósito de año nuevo, amor.
¿Cómo dices que te llamas?
-H-
lunes, 31 de diciembre de 2012
miércoles, 26 de diciembre de 2012
Las chicas Mayas existen y se equivocan.
No es que
fuera el fin del mundo,
es que nos lo íbamos a acabar nosotrxs.
Ibamos a
repelarlo y a chupar la tapa,
porque el
resto nos la sudaba.
Equis fueron
Mis cambios
de planes.
Equis las
veces que mandamos todo
A la mierda.
Equis la marca
que me debes en el calendario
- Vuestro dolor de corazón
se me subió a la cabeza-
XX
la primera
vez que compré yerba
fue para
hacer reír a una chica.
Y anoche
acabé abrazando a Dani y gritando
MUCHO BROKEN
HEART VEO YO AQUÍ
Pero en
bajito, como nosotros
También nos
dieron las doce
No hubo
sangre
Ni gritos
Ni besos de
los de << un último deseo, guapa>>.
Creímos
fervientemente en algo muy gordo
y a
cambio
construimos
planes a largo plazo
Fuimos fe
durante un segundo
Y dedos
cruzados por la calle.
Pies arrastrando
el asfalto.
En la tierra
consuelo de muchos,
Aquí arriba,
con-techo para nosotros.
Asfixia, no sé
si me explico.
Y mucha
cerveza.
Todavía no
se respirar en un vaso.
- Hasta el coño de botellas llenas
No es que
fuera el fin del mundo,
Es que nos
lo íbamos a fumar
Y a tirar
los restos de esta noche tan rara
No es que
fuera
es que dentro -aquí-
es que dentro -aquí-
los
abrazos siguen moviendo el mundo
De los mudos
De los nudos
-H-
-H-
domingo, 25 de noviembre de 2012
Declaración de amor propio nº1
http://www.youtube.com/watch?v=_s9dxrkzbsI (leer con esta canción de fondo... y volar)
Nos conocimos el día que aprendí
a re-conocerme en un espejo. Y nos miramos con los mismos ojos. Nos pensamos a
la vez. Y supimos exactamente lo que pensábamos la una de la otra. Nos dimos
cuenta y fue como en una foto. Y su negativo, aunque siempre sonriendo.
Sonriendo porque no nos hacía
falta imaginarnos. Nosotras nos sabíamos. Nos sabíamos en cada marca de
expresión. En cada bandera con la que nos separábamos las piernas y trozos de
corazón e índice que se quedaron por el camino. Y nos sabíamos en cada herida. Porque siempre las llevábamos
encima, intentando taparlas con orgullo, como ganadoras de una guerra sin
supervivientes. Y en el fondo nos gusta, lo de sentirnos heridas, y creernos
capaces de adelantar a todos esos muertos que siguen haciendo cola para poder
sentir algo. Porque estar vivas es que duela y aquí hemos venido a matarnos
viviendo.
Así que ahí estábamos nosotras y
simétricas. Nos vimos tan pequeñas que las ganas de abrazarnos fueron mayores
que la fuerza del cristal. Y un muro muy frío que nos lo impedía. Entonces
empezamos a suplicar con caras caídas de pena y abiertas de brazos en las
espaldas. En las calles y en las niñas guapas. Pero sobretodo en las barras,
que los corazones grandes se llenan muy pronto y el mío (el nuestro) tiene una
facilidad enorme para enamorarse de todas las desconocidas. Aunque admitirlo
sería hacer lo mismo con el resto. Y yo eso nunca, ya sabemos que no hay
principio ni final, sino lo que nos queramos ir contando. Y es que somos de
hablar poco (la del espejo y yo). Somos más de dedos que de boca, somos bofetadas
que poco a poco se convirtieron en caricias. En querernos. En arte. A estas
horas de la noche hay pocas cosas que podamos hacer tú y yo, cariño, a las que
no se les pueda llamar arte.
Amor, eres de la única de la que
no huyo, que si lo hago no me veo. Contigo no me valen las fiestas de
bienhuidas donde bailan todas. Contigo me apetece sofá y peli. Rozarnos el pie
derecho con el izquierdo, y buscarte entre las frases subrayadas de mis libros.
Que yo lo sé de ti todo, y a
veces hasta me sorprendo. Y me desconozco. Y no es sin ella(s), es tú y yo y el
miedo horrible a la palabra “sola”. Es
el morbo de llamar rescate a este salvarnos mutuamente besando el ego.
Yo aquí he venido a hacer una
excepción de reglas ya rotas por otras. He venido a escribirme a mí misma. A
follarme con palabras. A quererme un poco. Porque, joder, qué guapa estoy
cuando lo hago.
-H-
“Qué sabrá Madrid de
es-fumarse
ni de inter-caladas
si no le has fumado los labios,
si vive en constantes partidas y llegadas
y no soporta que mi patria
sean los versos de tus manos.”
ni de inter-caladas
si no le has fumado los labios,
si vive en constantes partidas y llegadas
y no soporta que mi patria
sean los versos de tus manos.”
miércoles, 14 de noviembre de 2012
...y en su cielo había una estrella que nos eclipsaba a todas.
Era como confundir el amor con el
miedo a no tener una historia que contar entre cervezas y un << todas
putas, todas musas>>. Era como buscarnos los abrazos e intentar oír la
respiración de otra. Era como intentar emborracharnos para que quedase todo más
claro.
Era pedirle al sol que le
calentara menos que dos faros acercándose hacia ella a toda velocidad en mitad
de la calle. A pesar de los miles de años luz del astro y la proximidad de un
atropello. Eran tantas veces imaginando el golpe, que mira, el coche frenó.
Dio marcha atrás, calladito. Y
muy muy despacio, mientras sonreía estúpidamente, se fue. Sin ruidos ni
acelerones. Como una retirada justo a tiempo, un dedo en el gatillo, un cañón
apuntando a sí mismo y un tiro con silenciador, todo seguido. Ella, ajena a su
suerte, decidió mirar hacia arriba. Y vio nubes que eran meses y kilómetros y
las odió. Preguntando cuándo volvería el calor que estaba tan lejos y que hacía
tanto que no sentía, si vendría su estrella en forma de vuelo comercial por
vacaciones. Allí se quedó, esperando. Quieta. En mitad de la calle. Con los
ojos clavados en lo alto. Dejando pasar mujeres cometa y sin pedir deseos. Haciéndose
daño en la retinas, y a saber en cuantos sitios más.
Fue como explicarnos las reglas
del juego susurrándonos muy lento al oído y empezar la partida suicidándose.
Empezar ya partidas.
Fue un “no puedo” señalándote las
heridas del pecho en carne viva mientras yo, para equilibrar tanta sangre, abría
más las mías.
Fue como estar en un desfile rodeadas de niñas
rotas del que nos seguimos riendo y brindando por todos los trozos que nos
clavamos.
-H-
“Y qué más da pedir un abrazoqueriendo un beso;
y vivir con las ganas
y mentirles a ellas."
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