viernes, 2 de noviembre de 2012
martes, 23 de octubre de 2012
Me llamó sol y me imaginé parte de su cielo.
<< ¿A quién echarán de
menos los domingos para ser tan nostálgicos?>> te pregunté hace unas semanas. Y mira que ni llovía ni
hacía frío, porque ya nos encargamos nosotras de llovernos y calentarnos a
lenguas y lenguas de distancia. Entonces supongo, que hoy te echan de menos a
ti.
Eh, pero no nos asustemos por
bailar así de lentos, es la insoportable levedad que se está llenando los
bolsillos de piedras y pesa. Y se vuelve a insoportable carga y nos estrella
contra la tierra, y ojalá que de ahí nunca nos levanten. Solo para volar hasta
tu cuarto. Que joder, que alto vives y que grande me quedas. Tranquila que
trepo y te inspiro alto – el cuello -, ya me di cuenta de lo bien que te
sientan las cosas pequeñas entre los brazos.
Y en realidad el miedo. Que yo
soy muy de correr, hacia atrás. Aunque diga que no, aunque te diga que despacio, nunca me ha
gustado tanto la velocidad como ahora. Nunca he deseado tanto estrellarme y no
contra ti sino entre nosotras. Jugar a estrellarnos y acabar haciéndolo. Luego,
entre los restos del choque te paras, y fumas, y te los lías como si fueran
pequeñas obras de arte. Con la dedicación de cambiarles todas las cuerdas a la
guitarra o como yo te miro el culo cuando me das la espalda. Así claro, a mí me dan ganas de convertir las
paredes en papel y liarte y fumarte condenando mis pulmones a tu veneno, al
mono de no leerte. El cómo te mueves cuando te quemas y me desconcentras.
No me acostumbro a hablar en
presente, ni quiero, pero las huellas de tus dedos siguen en el capó y en mi
manos solo hay arañazos que te guardan el sitio hasta que vuelvas a ponerme de
puntillas y nos den las seis y un par de hostias. Y embriagarnos en una bonita canción improvisada.
El vacío era el vacío
y si no hay drama no hay teclas
ni tinta ni nada.
Y vuelvo porque un día ella no
me besó y yo,
me cagué de miedo.
-H-
martes, 26 de junio de 2012
La fée qui voudrait voler mais ne le peut pas...
No podría decir exactamente qué edad tenía, ni de dónde era ni cómo
había aparecido en mi vida. No podría
explicar tampoco esas formas, y esa
mirada y esas ojeras. Esa manera de escribir mientras todo el pelo se le caía
sobre la cara y cómo se llevaba el lápiz
al labio superior mientras suspiraba encogiéndose de hombros. Y mis ganas de
decirle VEN.
A veces tenía ese aspecto de musa, de esas que han vivido desde
siempre y que llevan a sus espaldas años y años, noches y noches sin dormir.
Ese era el secreto, me confesó <<nunca duermo cuando hay estrellas en el cielo. Sería
imposible. Qué desperdicio>>.
Claro, luego me miraba con esa cara, que congelaba el tiempo. Esa cara
de niña y esas ojeras milenarias. Que se contradecían. Yo también empecé a
dormir por el día. Al principio solo era para hacerle compañía y para mirarla
desde la otra punta de la cama. Más
tarde quedábamos en el centro de las sábanas y nos contábamos historias, casi
todas mentira, como esta.
Su voz nunca se correspondía con la fuerza de su cuerpo, como
intentando evitar las cosas inevitables que había que decir. Quizás por eso le
gustase tanto la oscuridad, porque todo es un poco menos verdad, y menos real,
y más camas deshechas. Sin orden, y con miles de utopías que estaba dispuesta a
vivir con los ojos abiertos.
Ella me contaba el libro de su vida, cada noche un poquito, capítulo a
capítulo, y yo, lamía sus heridas, más por adicción a la sangre ajena que para
curarlas. Pero la escuchaba, y eso se me daba bastante bien. A veces quería ser
yo quien le contara cuentos, y le acariciara el pelo, pero me callaba, porque
nuestros silencios eran de esos que hacen demasiado ruido. Nuestros silencios
eran bombas de relojería compactadas en cuatro pupilas y muchos dedos.
Una de esas noches me dijo que por las mañanas, cuando dormía(mos) y
el calor la ahogaba soñaba con hadas. Que ella todavía creía en hadas. En
princesas, hadas, y otras putas, claro. Princesas que provocaban guerras en países
lejanos. Que mientras los príncipes les hablaban ellas fantaseaban con el culo de la doncella
y hadas que, en sus cuentos, se follaban unas a otras hasta que no tenían fuerzas para volar.
También me dijo que se alimentaba de sueños rotos y por eso, pensé, se
había quedado tan delgada.
Pasaban los días, y cientos de noches, y llegó la revolución de las
contradicciones y contra-adicciones. Nosotras mismas nos habíamos convertido en hadas que por las mañanas se echaban polvos mágicos, y por las noches, sin
prisa, hacían el amor.
Por primera vez tuvimos miedo. De haberlo idealizado todo, de ser más teatro que otra cosa. De haber ridiculizado nuestra habitación en Roma, o París. Miedo al futuro de conocerse por completo, de que se acabaran los capítulos que contarnos y miedo por esos sueños que son como la madera y en vez de quemarse, se secan.
Decidí, como siempre, huir. Sólo le dejé una nota entre sus libros; Todo lo que no es mío, ya sabes, lo escribo entre comillas, como "TÚ".
Y empecé a fingir dormir por las noches. ¿Cuántas ovejas necesito para volver a soñar contigo?
Por primera vez tuvimos miedo. De haberlo idealizado todo, de ser más teatro que otra cosa. De haber ridiculizado nuestra habitación en Roma, o París. Miedo al futuro de conocerse por completo, de que se acabaran los capítulos que contarnos y miedo por esos sueños que son como la madera y en vez de quemarse, se secan.
Decidí, como siempre, huir. Sólo le dejé una nota entre sus libros; Todo lo que no es mío, ya sabes, lo escribo entre comillas, como "TÚ".
Y empecé a fingir dormir por las noches. ¿Cuántas ovejas necesito para volver a soñar contigo?
“Al final siempre quedamos tu yo”
Escribió tuyo, sin conjunciones, como si hubiera algo
nuestro.
Sólo había sido una errata.
Preciosa.
Qué triste –pensé-.
-H-
lunes, 18 de junio de 2012
Historias de locos: Veinte días cumpliendo veinte.
Me van a dar las doce escribiendo e irremediablemente será dieciocho y yo llevaré veinte días cumpliendo veinte años. Desde que Celia me hizo llorar y descubrir que, posiblemente me esté volviendo más transparente de lo que creía. Y desde el << y cuando algo te pasa, algo te duele...se nota, no solo los que te conocen, sino en general, se apaga más de la mitad de la luz de la facultad>>
Al principio no entendí nada, o siga
sin entenderlo. Sin querer entender a qué cabeza kamikaze se le ha ocurrido
toda esta locura. La que me ha dejado una caja llena de regalos, recuerdos,
cartas y personas (Y un tutú rosa). Personas que se pueden escribir con
mayúsculas y en negrita, que son más corazón que otra cosa y que han tenido que
aguantar mis des-horarios, mi cara de enrealidadnomeestoyemocionando y mi puta
parálisis ante estas des-situaciones.
Después de Celia vinieron/vinisteis
todos los demás, con una oleada de cosas geniales y abrazos entre los brazos.
Que era lo que más necesitaba.
Faltan dos minutos para las doce, y
mientras me felicitais yo seguiré pensando en vosotros. Putos tarados mentales,
inconscientes, retrasados, tontos, cabrones, y simplemente preciosos
Me podría poner más sentimental o de todos
los colores y deciros a cada uno que me he quedado con vuestras caras. Que os
conozco y sé quien sois cuando estamos a solas (como vosotros a mí). Y podría
mentiros y decir que os voy a llenar de besos y palabras cara a cara. Sin
embargo os escribo, para haceros inmortales. Y más importantes. Y más grandes.
Que me habéis hecho sentir como una
cría, y no digo solo de estos últimos días, sino los anteriores y los que
quedan. Posiblemente me hayáis visto llorar, reír, enfadarme, poner cara de
gilipollas en las fotos, hacer la imbécil, caerme y…perdidainmediatadeladignidad,
tonta, yonki, irónica, odiable… posiblemente hayáis visto ya las mil caras de
Helena y ya sepáis eso de mi obsesión por volar. Y en serio que eso, no hay
forma de agradecerlo, porque yo me quedo pequeña para cosas tan grandes.
Que no sois normales, que
irremediablemente sois las putas tiritas de mis cicatrices y que también,
irremediablemente os quiero. Que sin
vosotros, las personas más especiales de mi vida, hubiera muerto. Hace tiempo.
(El rayo de sol que le da algo de luz
a este refugio acostumbrado siempre a dramas y cosas de niña triste)
También es el primer año
que no estas en casa para felicitarme,
y que te echo de menos.
También es el primer año
que no estas en casa para felicitarme,
y que te echo de menos.
-H-
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