jueves, 6 de noviembre de 2014

wa maka skan


Logramos distinguir la belleza de lo primero
De lo antiguo
De lo trascendente,
Aun acostados sobre un cielo
Atravesado de cables
Conduciendo electricidad cara a casas frías.
Humanos vendidos baratos.
 Luz azul.
Sabemos mantener los pies en el suelo,
No para dejar de soñar
Sino para sentirnos en contacto
Con nuestra madre que es tierra.
Que es tierra cubierta de cemento
Que es tierra ahogada
Que es tierra yerma

Os juramos, los guerreros
Que tomaremos hachas y tomahawks
Para desatarte del hierro, del alquitrán,
De la gasolina, del neón.

Tomaremos los guerreros cada rincón
Que quede ingenuamente virgen
Y lo cuidaremos con mimo
Apoyando suave nuestros oídos en tus rocas,
 en tu suelo, en tus ríos…
Escuchándote llorar y entendiendo tu lamento
Lloraremos contigo, lloraremos porque nos duele.
Nos duele este saqueo inhumano.
Esta violación permitida.

Cada vez que tiemblas y te quejas
Noto un antiguo corazón en común,
Me reencuentro con algún yo
De vidas pasadas.
Siento a todas las especies, a la primera célula,
Cada vez que me siento en tu vientre, de tierra
Tengo casa, tengo hoguera
No estoy sola.
Soy totalmente comprendida
Quiero ser  la niña perdida
No perder esta ingenuidad adquirida
Quiero que nos protejamos
Quiero que seas mi relación más pura
Siento tu dolor, tu tristeza, tu esperanza a pesar de todo…
Como nos sigues regalando,
Como levantas la cabeza cada primavera
A pesar de todos los palos.

La hierba es la cuna de la que me desterraron.
Mi manta, es la tierra donde acabo enterrando los pies para sentirme un árbol
Fuerte y estable.
Para trasplantarme desde esta casa de cemento que me ahoga.


En círculos hablaremos de todos nuestros planes
Para que sigas viva.
 Para que no caigas olvidada
Para que no acabes hecha toda libros,
Para que no solo en ellos te lean.
Para que seas algo más
Que una pradera en un fondo de pantalla.
Lloraremos contigo
Abrazando a árboles quemados,
Acariciando el pelo-hoja seca de los caidos,
De los talados.
te queremos
Tan viva, tan verde, tan salvaje, tan origen.
Todos los puros de pulmón nos aliaremos
Alrededor de un fuego
Incompresible para el resto
Intentando que siga viva
Nuestra madre
La tierra.


-H-



Día 8 sin ti:



Te he visto sin querer más allá de mi cabeza.
 
Has pasado por el pasillo transparente de tu facultad
Andando nerviosa,
medio saltando medio como siempre,
Sacándote el pelo que se te queda pillado en el cuello de la chaqueta.
Yo, que sabía que aparcar allí era tentar a la suerte
Quería evitar el encuentro
que a la vez  mis ojos buscaban instintivos.
Me he tenido que sujetar el corazón y las lágrimas a dos manos,
Porque ya no sé si nos echo de menos a nosotras
 o a nuestra rutina.
Me es imposible escribir sobre otra. Las malas costumbres.
Quería golpear el cristal. Llamarte…
 saber cómo estás.
Pero me he quedado quieta, en silencio…
viéndote pasar a menos de dos metros.
No te he llamado,
He sonreído un poco
 porque tú,
hablando con alguien,
 lo has hecho.



-H-

jueves, 23 de octubre de 2014

Yo aparecía en cualquier momento y tú no sabias a qué hora vestirte el corazón.



[Siempre creí que este vacío de palabras te seguiría perteneciendo]

[Tu centro.. tan zona cero que me empuja hacia las afueras para no volver a los sitios donde lo fuimos todo.]




Me fijé lentamente en cada parte de tu cuerpo.
Ahí sentada,  llena de lágrimas,
Intentando no venirte abajo porque yo ya lo estaba.

Pensé en la fugacidad, en la fuerza con la que impactan las palabras.
En el antes. En después.
En que una sola frase había acabado con todo.
Mi boca era un cañón humeante recién disparado por un infiltrado del mismo bando.

Pensé en cosas tristes y obvias,
 como que ya no te acaricia mas desnuda.
Como que al llegar a casa quitarías mis cosas de la pared,
 como que ya no quedaríamos para cenar.

Por un momento pensé en tus amigos. No sé muy bien la razón.

Me asoló la terminología que tanto te divirtió cuando lo insinué por primera vez.
Me golpearon con fuerza todas las frases de amor.
Sí, me sentí una mierda.

Pensé en que hace dos años pensé que sería de mí dentro de dos años.
 Y me partí.
Te vi partida en mil.
La imposibilidad de curarte.
 La traición de haberme jurado que yo no haría lo mismo que otras.

Pensé en la barrera infranqueable
 sustituyendo a la normalidad de los besos.
En que ese abrazo me había colapsado el corazón
igual que podía haberme roto todas las costillas.

Te aprisionaba en mi mano,
 negándome a mi misma lo que acababa de hacer.

También me acordé de la canción de Los Planetas,
 esa de la que no supiste decirme el título pero si el significado.
 Y quise retroceder en el tiempo.

Por las noches, las noches son demasiado… ¿A ti te pasa?
todo lo bueno me viene en tromba de agua por ojos.

Eché cuentas:
Calculé el tiempo que pudo pasar hasta que nos admitimos imperfectas.
Que nos llevábamos, casi siempre con paciencia.
La confianza, la sinvergüenza.
 Las sorpresas.
Nos respetábamos los puntos débiles
 y nos comíamos en los fuertes.
Me aguantaste un año fuera.

Pero por mucho empeño que pusieses,
 no soy la persona que se debe ser.
No la que tu quisieras.
[…]

Lo siento si me pudo la avaricia con la que rompí nuestra cama,
con la que maté a nuestros hijos, con la que demolí nuestra casa.
Ya no hay ninguna isla desierta en Tailandia, ni más tapas en Granada.
No más París, no más canas.

creí merecer más
creí poder ser más
y ahora me arrastro, como siempre que lo hice por ti,
pero sin ti.
Y ahora, que nos lloramos posiblemente a la vez
me veo tan llena de sangre,
 sujetando todos los cuchillos
con los que saque pausadamente filo al amor
antes de inmolarlo.

La justicia radica, en que ojala
Alguien más fuerte y feliz que yo
Consiga dormir por las noches y despertarse antes que tú
 para darte los buenos días.


Me pasaré esta tarde por el funeral
de toda esa estabilidad con la que soñábamos
Y yo nunca fui capaz de creerme.
Tranquila,
Ahora todo es calma…
Ya no me tendré que poner de puntillas
 ni a ti te dolerá la espalda.

Hasta luego amor,
adios sirena…
Volveremos a encontrarnos en el cuadro de mi habitación
 volando cometas.




-H-

sábado, 1 de marzo de 2014

Terapia para los hijos del psicólogo IV


Antes de salir al escenario y comenzar me dije: late pronto y  hiere a un futuro cadáver. Ama como si fuera tu última noche de soledad. Fusílalos a todos. Cálales el corazón.

Sé un parto sin asistencia ni cordón umbilical. Una expulsión a presión propia y de cabeza a un mundo nuevo. Abre los brazos y enséñales el corazón entre la boca. Que sepan que tienes dientes para sus cuellos.
Me dije muchas, muchas cosas antes de todo aquel desastre. De aquel tropiezo en el primer acto.
 Y entonces fui.
Un corazón atravesado en plena tráquea. Ninguna fuerza para respirar. Un puñetazo que me lo hizo tragar para esconderlo y que no me hicierais más daño. Los primeros pasos que se mezclaron con las ganas de llorar.

Aprendí a no regalar mariposas a la primera que adivinara que yo también volaba. Y aprendí a asesinarlas escribiendo sobre ellas. Utilicé a chicas buenas como juguete favorito e intocable que dejaron de funcionar cuando aprendieron las instrucciones de vuelo en mi lengua muerta.
Fui, la enfermedad terminal de una enfermera que intentó salvarme a costa de ella misma. Una caja fuerte explotando no tan fuerte pero con la cabeza muy alta.
La chica invisible de clase. El dolor en los días de fiesta. Su misma altura.

Es cierto que nací sola en un mundo nuevo, lanzándome a vuestros brazos con todo el amor y la esperanza  de una vida en blanco. Y solo fuisteis capaces de recibirme con tres heridas gigantes, para lo pequeña que yo era.

Me seguía diciendo: se la poesía agresiva, la miel que envenena. Un proyecto de revolución borracha en cualquier festival.
La que se hace la dura y luego llora. Las gafas de lejos para analizaros muy de cerca. El orgullo de admirar en secreto a todos los artistas de este bar.
La que fluye entre versos. La que huye en la realidad.
Me dije aúlla. Aúlla como una zorra asustada y provocadora con el subconsciente lleno de pupilas. Reclama amor y comida a partes desproporcionadas.

Y sin embargo fui: un cerebro de puta con tacones y un corazón tan fiel al recuerdo como se pueda en el pecho.
 La infidelidad como herencia relegada a los genes recesivos por voluntad propia. Un  patrón impreciso pero existente. El patrón repetitivo hasta la saciedad. El asco
La mirada objetiva de una teoría filosófica
Un “tu hija ha muerto” frente al deseo de un “Tranquilos, la llevaremos al cementerio solo para que reviva a todas las flores”
La locura del insomnio cuando no tienes quien te acompañe. Las lágrimas de impotencia.
El miedo a mí misma. La autodestrucción como primer mandamiento. Compasión y victimismo propio tomando forma de musa violada.
La que salvaría a todos menos a ella. La que se enamora de todas y quiere que todas se enamoren exclusivamente de ella.
La letra pequeña de un contrato imaginario donde me convencí que quedar segunda en tu vida no era tan malo. Que ir escalando solo era cuestión de tiempo. Que en una mochila aparte de sueños también cabían heridas y fracasos.

Y lo sigo siendo
Años luz a diez centímetros. Un roce de manos a mucha distancia. Velocidad en los dedos, corazón. Lentitud en los párpados y en la vida.
Una mezcla rara de niña-mujer que cuando está comiéndote el coño solo piensa en hacerse un hueco ahí dentro. Construirse un refugio oscuro y caliente en tu útero y por un momento sentirme a salvo del mundo, y de mi misma.
Fui y sigo siendo muchas cosas a las que todavía no les he podido poner nombre, pero todo lo que recuerdo después del coma, es que fui capaz de quitarme una armadura de hierro y cubrirme únicamente de palabras bonitas que resultaron estar hechas de un metal más fuerte.
Que a pesar de tu odio por las agujas,  te gustaba mi sangre.

Y que a día de hoy, joder, no me arrepiento de nada.



-H-