lunes, 25 de mayo de 2015

catálogo de temas.


[22/05/2015]

Me animan para que intervenga en las numerosas conversaciones, en los numerosos  grupos, en los numerosos debates. Me incitan, casi defraudados, a que les hable de algún rincón interesante de mi mente. Y pienso:

En la física cuántica de sus átomos. En los gases nobles de su cuello.
En los tratados internacionales de paz en cada uno de sus abrazos
y en la fusión nuclear de nuestros cuerpos.

Pienso en la caída del telón de acero de su ropa,
en la política tan anárquica de sus quiero y no puedo ,
en el boicot de sus gemidos en cumbres internacionales de la OTAN.
En su amor comunista.

Les podría hablar sobre los yacimientos arqueológicos que nos excavamos
y de las antiguas civilizaciones que encontré debajo de cada estrato de su piel.
Leerles ensayos sobre la belleza y la verdad de la filosofía de esos ojos.

Advertirles del calentamiento global en su prosa derretidora de polos
Y de que es capaz de  solucionar  mi hambre de mundo solo con  un beso.

Analizarles métricamente la banda sonora de cualquier tarareo
si se despierta contenta.
Enseñarles una  colección entera de libros y manuales
sobre detalles insignificantes que le hacen sonreír.

Quizá plantearles la problemática  de  la caza furtiva de lugares
y paisajes salpicando su cara de niña guapa y mala.
Enseñarles los efectos de la luz
en cada fotograma que tengo de ella en mi retina.
Los del acelerador de partículas si me habla de algo que no se.

Les gritaría todo el fuel-potencia que esconde
debajo del buque insignia de su risa
y cómo  construir un hogar eficiente en sus manos.

Pienso en hablarles sobre las veces que soldamos el bipartidismo,
En los riesgos que priman,
que merecen y merecieron  la pena.
Pienso en hablarles de poesía.

Pienso, monopólicamente, en ti.

Les mantengo la mirada en un silencio que esperan que rompa.
Continúan hablando entre ellos.


-H-


viernes, 8 de mayo de 2015

L

Desde que empezaste
a llamarme abreviatura
noté como te colabas
de golpe
en la brecha cálida
en mi infancia.

Desde que empezaste
a llamarme abreviatura
creí  haber echado contigo
carreras en bici.

Creí que habíamos
escapado corriendo y de la mano
después del timbre

 y creí haberte pedido que no le dijeras
a mis padres
que me había caído. Otra vez.

Me llamaste tan corto
como ellos,
como los de antes.

Me llamaste tan corto
que creí que formabas parte
hace años de mi vida.

Me llamaste letra e intuí
que como ellos,
como los de antes,
te quedarías  para siempre
o poco a poco
también,

desaparecerías.



-H-

martes, 21 de abril de 2015

Terapia para los hijos del psicólogo V.


Mis ideales nunca serán personas.


“…trato de encontrar la electricidad estática en mi apartamento, cavo alrededor de las tomas en la pared, cambio bombillas con los dientes y lo hago con la tostadora.”




Me recito en un enfermo monólogo interno la poética de mi fragmentación.  Lamo los bordes astillados y agrios de mi cuerpo dándome pena. Ahora, me repugna lo afilado y seco de mi piel. La impasividad ceniza con la que miro el tiempo. Finjo ilusión por algo y utilizo muchos iconos de mierda y luego soy todo ovillo de miedo. Incapacidad. Una boca entreabierta intentando murmurar muy planificadas frases-arcada que atascan la tráquea. Megáfonos resonando en mi cabeza voces de alarma.

<< ¡No lo llevas nada bien!>>

 Me repito palabras que giran como un roedor en su rueda, como una lavadora con Parkinson centrifugando en el centro de mi masa encefálica. Siento un cavernícola deseo de suplir esta necesidad impuesta de sentirme parte de un todo.

Me esfuerzo, me lleno de algodón inofensivo y soy oveja. Recorro obediente el circuito de Ikea. Soy buena, sigo las flechas, robo lápices diminutos. Las grandes superficies me hacen sentir segura: No me siento especial para nadie. Formo parte de un ejército zombi de familias mileuristas donde la libertad se limita a decidir en qué gastarán el dinero, mes tras mes tras mes tras mes. Máquinas de estado consumiendo conglomerados-morfina a precios competentes.

Hombres suecos sonrientes me venden camas de matrimonio. Camas continente y ring de boxeo. Camas cumplidoras de sueños. Sexo viscoelástico de proporciones desmesuradas. Les miro y les digo que la masturbación en un colchón de noventa aún me seguiría quedando grande. Que a mí una cuna porque hoy me siento guisante.

Me propongo huir muy lejos, pero a las agencias de viajes mi unidad les aterra y me cierran las puertas mientras niegan con la cabeza y forman el gesto de victoria con sus dedos. Como consecuencia pago el doble por conseguir un viaje al centro de mis tierras. Me descubro volcán. Todo viscosidad ardiente por dentro, inestabilidad burbujeante, descontrol en punto de ebullición. Por fuera, inevitable piedra metamórfica y fría recubriendo un metro cincuenta y poco de tierra.

Me desfiguro por el día, martilleándome a la fuerza entre mujeres pieza, intentando formar parte de un puzle que ni siquiera sé si me gusta.
Hago cosas de psiquiátrico y aún así soy la tía más interesante que he conocido. Mantengo una relación conmigo más o menos estable. Me quiero y me pongo. Deseo muy fuerte que la del espejo se haga real y salgamos fuera a besarnos (porque qué bien nos besaríamos) a traumatizar al resto del mundo con nuestro romance clónico.
Así que ante la imposibilidad de este absurdo, acumulo amor en el stock de una trastienda llena de arañas y me tambaleo en la ataxia de no saber cuál será mi próximo movimiento.



-H-

domingo, 19 de abril de 2015

Sé con certeza, que la primera vez que rebusqué en mis huecos no fue con un támpax amarillo, ni con dos dedos.

Que cuando cuento nuestra historia sigo narrándome de zorra solo por la excitación que siempre me ha provocado infiltrarme entre la mayoría. Intento adoctrinar emociones. Que mi soledad recurrente me pida de comer, sumisa, una vez al mes en vez de todos los días, a cada minuto, a cada segundoacadasegundoacadasegundoquenoestás.