miércoles, 4 de octubre de 2017

TERRORISMO AL ESTADO



Noto como intentas
apaciguar a mi bestia
acariciándola
 a una distancia prudente
muy fuerte,
Pa que lo sienta.

Me avergüenza y me divierte.
Adivino en tu cara
incómodos intentos
por comprenderme.

Juro que soy INCAPAZ de rechazar
la rabia que mueve mi cuerpo.
Me seduce fantasear con la tensión,
el caos, los gritos, el miedo.

La abundancia y el despotismo reducidos a ceniza

Como si hubiera sido comunero,
anarquista en el 36
o estudiante de derecho
 rodeado de trajes grises.

Juro que esto me pertenece.
Y en algún universo compartido
con todas mis vidas pasadas
es lícito devolver al estado
toda la terapia electroshock
que sufrí  encerrado
durante 20 años
en una cárcel.

Pero entonces vuelvo a notar
como intentas
apaciguar a mi bestia
acariciándola
abrazándola
muy fuerte,
muy fuerte
Pa que lo sienta,
 Y cada vez que me aprietas
Y espiro,
Soy un bol de plástico
Donde  la furia se desborda
abandonándome
en forma de gelatina.

Porque contigo no me interesan
las relaciones abusivas de poder,
igual que al poder
no le interesan nuestros cerebros
explosivamente semilla
de lo diferente.

Contigo,
Todo se resume
a reírnos
de la subordinación
y de la censura.
Del bloqueo.
Pactamos la paz y la confusión como estrategia.
Transformamos los gritos de odio
en sólidas razones
para comernos
de forma muy bestia

Contigo,
el sexo asamblea,
diez consultas
independentistas al día
y sí,
tus corridas me ponen más
que el  portavoz
de izquierda unida.

Contigo,
viajo al 75 y nombro decana
en arqueología de cunetas
a toda Alianza Popular.
Que les duela,
que les duela la espalda
que tanto escavar.

Dejo limpito el congreso
y lo siento,
pero en esta transición
no habrá rey y si gasolina.

JODER, JURO QUE INTENTO CONCENTRARME.
UNIR CONCEPTOS Y UN EFECTO MARIPOSA
CAPITAL DE BOLIVIA,
LA PAZ.
PIENSO EN LAS ANTÍPODAS,
GUERRA EN FILIPINAS

DE VERDAD QUE INTENTO CONCENTRARME.
En qué significará la calma, la tranquilidad,
el amor, el pacifismo.

 Y a modo de mantra me repito

donde todo merece la pena,
contigo,
prometo
cambiar el mundo
ser libre,
desmontar al estado
casi casi
sin violencia
ni terrorismo.


miércoles, 25 de enero de 2017

TODAS ESTAS LETRAS SON BILIS

Solo palabras nunca articuladas
en lenguas mucho más antiguas 
a cualquier civilización.

Solo conceptos densos
expresados con partes recónditas
y blandas del cuerpo.

Solo un grito que nazca
desde los bronquios más ásperos.

Solo la sonoridad fea y temperamental
será mínimamente capaz
de reflejar en el vómito que nubla mi mente
estas puñaladas ajenas
que acuno como paridas.

Este dolor de músculos tensos
y tenedor-uña  rayando con fuerza estridente
las superficies traumáticas de mis dientes.

Todas estas letras son bilis.
 Miradlas y que os duelan.

Bilis y lágrimas encapuchadas
de carnaval y algodón de azúcar
que no hacen más que provocar
a mis moscas negras.

Estoy sola ante esta brutal sed de sangre.

Necesito abandonar el pánico y la claustrofobia
de sentir cómo me mezclo a conciencia
entre piezas recién  amputadas
que todavía bailan calientes
en un campo lleno de minas.

[…]

Entonces respiro.

Porque este dolor es una plaga.
Y yo me dejo ser el cólera,
Y yo me dejo ser la rabia.

[…]

Entonces respiro.

Me conformo con desplomarme en un sofá
y proteger con celo de loba enjaulada
a quien sé de sobra
que no lo necesita.
Proyectando aullidos tibios,
luz invisible que alegre.

Pensando que el calendario
me ofrece toda una vida
para imaginar en mis manos
su mandíbula rota.

Para seguir fantaseando,
retorcidamente,
con su muerte.

[...]

¿Que por qué siento
este traje
tan opresor
y pegajoso
de violencia
como mio?

Porque aguantaré
las raíces
de nuestra guerra social
aunque un cementerio
de destrozadas matrices
decore mi casa.

Reviviremos.

-H-



lunes, 28 de diciembre de 2015

Año cero



“El ave fénix”,eligió alguien. “Serpiente”,recordé.
Me divirtió la minúscula sonrisa que se formó en algún núcleo milenario y salvajecasireptiliano de mi cabeza. ¿Cómo se me había colado un puto ave fénix en esa  lista? Me reí aunque mi cara escuchase seria.
 ¿Acaso importaba? Unicornio, sirena o marioneta.
Si para  el último eslabón de una civilización de cadenas la magia es absolutamente negra. La fe ciega y borracha en la belleza de otros reinos. De otras plantas. De otros animales. Agarrarnos a ellos como si flotasen a lo largo de todas las mareas.  Rezarles en silencio, contarles nuestros miedos. Porque he sentido árboles abrazándome y he abandonado corriendo los bares mirando menos al suelo que al cielo.

Para huir de ella pensaba en la nada. La absoluta y rotunda nada. Paredes blancas llenas de nada. Gotelé nadeado de nada. Dormir entre salas de espera de psiquiátricos tan tranquila de nada. Pesadillas de todo. Dentro del acuario de lava, la lampára.
Trabajar
Subtitulando
 Interrogatorios
 para sordomudos
y solo emitir un gran pitido.
Fue la primera vez que me desperté gritando en sus sueños. Boqueé y en vez de agua solo pude tragarme los anzuelos. En cada deglución un disparo:
 Sentir como me licuaban el pecho. 
Un agujero en mis costillas,
zumo de frutas.
Rojas.
Sangre antioxidante.
Yo hecha compost en el suelo.
Coserme entera. La boca.
Aprender definiciones:
 IMPOSIBLE
Recordar otras:
DIGNIDAD
Enmarcar las palabras como si fuera la esquela de mis padres
Negociar con los futuros.
Pensar en un suicidio discreto.

Alguien eligió un ave fénix.
“Bicho bola yo si escucho su nombre” asumí.
Pero no ocurrió nada
La nada.
O la rubia.
Cuando el tambor arrítmico de una ansiedad cargada de frustraciones suena pienso en la rubia y me calma. Su paso dulce y rápido.  Su risa anestésica en mis pulmones.  El ruido de un piercing chocando en mis dientes, buscarnos las bocas mientras nos separaba la gente. Como si fuera un monstruo sensible y su música de after me acunara: Hasta que el coma la deshizo fuimos espectáculo x del fino, agua a presión y millones de litros de vino. Único dolor de agujetas. La rubia y su anonimato. Como fumar:
 La calma y el silencio y la noche.

Entonces me acuerdo que alguien eligió un ave fénix aunque fuera imposible. Y mirando la pared blanca no pienso en nada, pero murmuro muy bajito: Qué zorra.


-H-

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Tabicando grietas.

Hace un tiempo, Álvaro me regaló una libreta que todavía uso. En la tapa de atrás, en la esquina inferior izquierda, él había pegado con celo una nota que decía: "Es así que cada verso supone una f r a g m e n t a c i ó n de mi. A veces soy poesía".
No hay más que decir porque ni hay versos
ni hay herida,
ni hay poesía.



lunes, 25 de mayo de 2015

catálogo de temas.


[22/05/2015]

Me animan para que intervenga en las numerosas conversaciones, en los numerosos  grupos, en los numerosos debates. Me incitan, casi defraudados, a que les hable de algún rincón interesante de mi mente. Y pienso:

En la física cuántica de sus átomos. En los gases nobles de su cuello.
En los tratados internacionales de paz en cada uno de sus abrazos
y en la fusión nuclear de nuestros cuerpos.

Pienso en la caída del telón de acero de su ropa,
en la política tan anárquica de sus quiero y no puedo ,
en el boicot de sus gemidos en cumbres internacionales de la OTAN.
En su amor comunista.

Les podría hablar sobre los yacimientos arqueológicos que nos excavamos
y de las antiguas civilizaciones que encontré debajo de cada estrato de su piel.
Leerles ensayos sobre la belleza y la verdad de la filosofía de esos ojos.

Advertirles del calentamiento global en su prosa derretidora de polos
Y de que es capaz de  solucionar  mi hambre de mundo solo con  un beso.

Analizarles métricamente la banda sonora de cualquier tarareo
si se despierta contenta.
Enseñarles una  colección entera de libros y manuales
sobre detalles insignificantes que le hacen sonreír.

Quizá plantearles la problemática  de  la caza furtiva de lugares
y paisajes salpicando su cara de niña guapa y mala.
Enseñarles los efectos de la luz
en cada fotograma que tengo de ella en mi retina.
Los del acelerador de partículas si me habla de algo que no se.

Les gritaría todo el fuel-potencia que esconde
debajo del buque insignia de su risa
y cómo  construir un hogar eficiente en sus manos.

Pienso en hablarles sobre las veces que soldamos el bipartidismo,
En los riesgos que priman,
que merecen y merecieron  la pena.
Pienso en hablarles de poesía.

Pienso, monopólicamente, en ti.

Les mantengo la mirada en un silencio que esperan que rompa.
Continúan hablando entre ellos.


-H-


viernes, 8 de mayo de 2015

L

Desde que empezaste
a llamarme abreviatura
noté como te colabas
de golpe
en la brecha cálida
en mi infancia.

Desde que empezaste
a llamarme abreviatura
creí  haber echado contigo
carreras en bici.

Creí que habíamos
escapado corriendo y de la mano
después del timbre

 y creí haberte pedido que no le dijeras
a mis padres
que me había caído. Otra vez.

Me llamaste tan corto
como ellos,
como los de antes.

Me llamaste tan corto
que creí que formabas parte
hace años de mi vida.

Me llamaste letra e intuí
que como ellos,
como los de antes,
te quedarías  para siempre
o poco a poco
también,

desaparecerías.



-H-

martes, 21 de abril de 2015

Terapia para los hijos del psicólogo V.


Mis ideales nunca serán personas.


“…trato de encontrar la electricidad estática en mi apartamento, cavo alrededor de las tomas en la pared, cambio bombillas con los dientes y lo hago con la tostadora.”




Me recito en un enfermo monólogo interno la poética de mi fragmentación.  Lamo los bordes astillados y agrios de mi cuerpo dándome pena. Ahora, me repugna lo afilado y seco de mi piel. La impasividad ceniza con la que miro el tiempo. Finjo ilusión por algo y utilizo muchos iconos de mierda y luego soy todo ovillo de miedo. Incapacidad. Una boca entreabierta intentando murmurar muy planificadas frases-arcada que atascan la tráquea. Megáfonos resonando en mi cabeza voces de alarma.

<< ¡No lo llevas nada bien!>>

 Me repito palabras que giran como un roedor en su rueda, como una lavadora con Parkinson centrifugando en el centro de mi masa encefálica. Siento un cavernícola deseo de suplir esta necesidad impuesta de sentirme parte de un todo.

Me esfuerzo, me lleno de algodón inofensivo y soy oveja. Recorro obediente el circuito de Ikea. Soy buena, sigo las flechas, robo lápices diminutos. Las grandes superficies me hacen sentir segura: No me siento especial para nadie. Formo parte de un ejército zombi de familias mileuristas donde la libertad se limita a decidir en qué gastarán el dinero, mes tras mes tras mes tras mes. Máquinas de estado consumiendo conglomerados-morfina a precios competentes.

Hombres suecos sonrientes me venden camas de matrimonio. Camas continente y ring de boxeo. Camas cumplidoras de sueños. Sexo viscoelástico de proporciones desmesuradas. Les miro y les digo que la masturbación en un colchón de noventa aún me seguiría quedando grande. Que a mí una cuna porque hoy me siento guisante.

Me propongo huir muy lejos, pero a las agencias de viajes mi unidad les aterra y me cierran las puertas mientras niegan con la cabeza y forman el gesto de victoria con sus dedos. Como consecuencia pago el doble por conseguir un viaje al centro de mis tierras. Me descubro volcán. Todo viscosidad ardiente por dentro, inestabilidad burbujeante, descontrol en punto de ebullición. Por fuera, inevitable piedra metamórfica y fría recubriendo un metro cincuenta y poco de tierra.

Me desfiguro por el día, martilleándome a la fuerza entre mujeres pieza, intentando formar parte de un puzle que ni siquiera sé si me gusta.
Hago cosas de psiquiátrico y aún así soy la tía más interesante que he conocido. Mantengo una relación conmigo más o menos estable. Me quiero y me pongo. Deseo muy fuerte que la del espejo se haga real y salgamos fuera a besarnos (porque qué bien nos besaríamos) a traumatizar al resto del mundo con nuestro romance clónico.
Así que ante la imposibilidad de este absurdo, acumulo amor en el stock de una trastienda llena de arañas y me tambaleo en la ataxia de no saber cuál será mi próximo movimiento.



-H-

domingo, 19 de abril de 2015

Sé con certeza, que la primera vez que rebusqué en mis huecos no fue con un támpax amarillo, ni con dos dedos.

Que cuando cuento nuestra historia sigo narrándome de zorra solo por la excitación que siempre me ha provocado infiltrarme entre la mayoría. Intento adoctrinar emociones. Que mi soledad recurrente me pida de comer, sumisa, una vez al mes en vez de todos los días, a cada minuto, a cada segundoacadasegundoacadasegundoquenoestás.

viernes, 13 de marzo de 2015

El karma se llamaba Dow Jons

No entendiste que la suerte
no era pedir amor a domicilio
no un puesto de comida rápida
no una sopa instantánea.

No entendiste que la suerte
no consistía en que solo nos separasen
un par de metros.
No era vivir en una casa juntos
No que des la voz de alarma
y yo me cambie de ropa
en la primera cabina deshabitada.

La suerte radicaba en poder saber
a ciencia cierta
que en algún rincón del planeta
habías colonizado un pecho desarraigado
dispuesto a echar raíces en tu boca.


Aunque no las notases,
mis sístoles se esforzaban
por sonar igual que los bajos rítmicos
de tus noches de fiesta.
Se esforzaban para que las descifrases en los “lub dub”
cuando me auscultabas.

Eran el morse puntorayando
la palma de tu mano
sobre mi esternón.
Un avión cortando
la barrera musical de tu séptimo, cielo.
El paso desacompasado de tus pisadas
Al volver de madrugada
sola a casa.

Quiero decir: intentaba estar donde tú
creías que no estaba.

N O    F U E    S U F I C I E N T E
No fue suficiente oxígeno.

Pusiste cientos de estaciones de esquí de por medio
y me subiste en avalancha
a un sitio donde mi presión intracraneal
era insoportablemente alta.
Y en vez de ver como no me alejaba
te diste la vuelta
Mientras gritaba;
¡De espaldas no hay abrazo que valga!

Ahora solo soy un punto pequeño
Adornando la cima de una montaña.
Un pixel sin prismáticos.
La ilusión óptica
del efecto pantalla.
Ni humano ni real.
Todas las mañanas me siento fantasma.

Nada digno de movilizar
a un equipo de rescate.
Porque los helicópteros,
en mi comunidad,
no bajan de los tres mil
Y eso es una pasta.
Una fianza que no estabas dispuesta a pagar.

Me duele que este principio de tumefacción
haya tenido precio.

Pero todo va bien.
Hay notas que me recuerdan;
Si alguna vez sales de esta helada,
el  prozac siempre será mas barato
que la distancia.

Me he convertido en la ofrenda a tu verano.
En el cartel mojado de aforo completo.
Los números rojos,
el evento cancelado.


Para que engañarnos,
me jode tener que alegrarme con planes sin ti
y  lo asumo...
hay ciudades con las que no se puede competir:

Ojalá te quieran cerca.


-H-

sábado, 21 de febrero de 2015

Volar: por los aires



Detrás de una huida de repente
siempre me quedará
la mínima esperanza costumbrista
de notar
un ceder de costuras de camiseta
por la espalda.

Detrás de toda huida acelerada
y en cada pirueta saltomortal
al final de un callejón alambrada
juego a imaginar la posibilidad hormiga
de caer en un torso dulce
que me asfixie.

Pero más allá del detrás,
solo queda la certeza de un aterrizaje
en las fracturas tibias que me sigue ofreciendo
el jodido terreno inundado
de mi cuerpo.

La total libertad de no ser reclamado
es una habitación azul con un ring improvisado
donde ni siquiera existe el miedo.
Y las humillaciones mutan a rabia
que se escupe a ella misma
en cada piel levantada al hacer fricciónboxeo
con el yeso de las paredes.

Libertad es solo un vacío
ausente de cualquier respuesta
alertándome desde un dispositivo móvil.
Un espejo sin compañía.
Mi peor yo.

No os importa el demacre
de una expresión perdida
porque no es un hecho a destacar,
porque no es algo plausible,
porque roza la normalidad.

Irse de forma decente
es asumir que no quieres
que te escondan las llaves.

Gracias a los que me dejaron
llorar libre.
Perdón a los que recogí lágrimas
que solo les tocaba
Saborear a ellos mismos.

Me alegro de sus nudos mal hechos.
Nada me ata a nadie.





-H-

jueves, 22 de enero de 2015

[Escena]


Creábamos un beso lento
rozándonos lo justo
llamas pequeñas
atravesando
un corta fuegos

En el segundo taquicardia
acelerón
potente y escueto
antes de un cambio
de marcha

Confundo su culo
con una barra
amarilla
de metro.

Entrelaza
veinte dedos
levantándome los brazos
muy arriba.

En este atraco
suplicado
esperando la caída
pregunta si me quedo

Proyectábamos
otras caras

c

a

  y
   
    e
     n
      d
        o

            r
              á
                 p
                     i
                          d
                                   o


Por las escaleras
De
Incendios.



-H-



sábado, 10 de enero de 2015

1997



Necesito los abrazos
de todos los que
no me llegaron a conocer.

Necesito el abrazo
de la profesora a la que nunca dije
que ya sabía dibujar un triángulo.
Los de todos los vecinos
que no me atreví a saludar,
los de los que pensaban
que no podía hablar.

Necesito los abrazos
de primos mayores
a  los que, por ausencia de simpatía,
no caí bien.
Necesito una hermana o
una madre a la salida del colegio.

Sigo teniendo cinco años.
Acabo de conocer a la muerte
sin derramar ni una lágrima.
Busco la aprobación
a cualquier mínimo avance.


Ellos, me señalan con libros
de cursos superiores.
Yo, no le encuentro el sentido
a pintar determinadas cosas
 con determinados colores.

Ahora me negaría a hacer campaña
contra los reyes magos.
No pondría en duda la religión
ni el sentido de las mayúsculas.
Me negaría a no jugar
si después de todo,
el apartheid.

Tengo una imagen recurrente
donde me abrazo a mi misma
en el centro del patio rojo.
La imagen recurrente
en la que yo soy
la niña abrazada
por mi clon adulto
 de pelo largo.

Le veo cara de futuro feliz
abalanzándose al suelo sobre sus rodillas
y con los brazos abiertos.

Me susurra,
a veces,
que tranquila.

A veces,
el silencio.

A veces,
que me agarre
y le cuente
porque ella es
todos los desconocidos
a los que nunca me atreveré
a hablar.

Necesito el abrazo
de la niña del paso de cebra,
de la misma niña de la academia.
De mi ego diciendo que todo bien.

Ya me da igual el sexo,
la cara, el ceño…
Necesito brazos apretando
esta ansiedad nocturna.
Besos en la nuca,
palabras naranjas
a medio hacer.

No es amor,
es fisiología.

La secuencia invertida
de muñecas rusas
a las que destapo,
me descubren un interior
Cada vez más amplio.

Mi vida es esta y tengo cinco,
pero podría ser cualquier otra
a los veintidós.





-H-

sábado, 3 de enero de 2015

ONIRIA


Reviento
mi cráneo
en cada vida imaginada.

Me persiguen
mujeres arquitectas
expertas en decoración.
Dueñas de casas en ruinas,
hogares con o sin animales
que no fueron
que no serán.

No aguanto.
Confundo
de mi hipersensibilidad
qué parte el don
 y cuál maldición.

Soy la ventana rota
de un barrio condenado
a la delincuencia.

Aguanto.
Abrirme;
El vacío
precedido
de palabras favoritas
sin sentido.

Soy un parque de atracciones
lleno de gritos.
No sé
si de alegría
o de pánico.

No aguanto.
Me expropian los visitantes
las esculturas
que te dejé
a punta de lengua
en el templo flecha
de tu esternón.

Soy el artesano
silenciosamente trabajando
en cualquier arte de tu desnudo.
Por favor, que lo traten bien.

Aguanto.
Construcción
en un concurso
con bases de filo de piedra,
las huidas,
el humo de colores
que se difumina
en la parte más alta
de toda esta distancia.

Soy el buitre
de un paisaje nuclear
que solo admira la calma.

Me desenamoro
en un pensamiento:
 “Quizás en otra vida…”




-H-

domingo, 21 de diciembre de 2014

Inestabilidad.



Me quedé horas apoyada en una estatua que recordaba a otras víctimas que no éramos nosotras. Yo les lloraba a todas ellas pensando en ti. Multiplicándote por todos los factores que nos habíamos expuesto al desnudarnos la piel (me pierdo pensando en la tuya). Al sangrarnos. Al no ser conscientes lo mucho que duele infectar de suciedad y mierda todas las heridas abiertas. Al no ser conscientes de que nos habíamos dedicado a pegar cortes propios en otros cuerpos. Que lo habíamos manchado todo y ya no sabíamos dónde ni con qué teníamos que limpiar aquella matanza de leones.

Lo que antes había sido penicilina en nuestras manos ahora era veneno cayendo del cielo. Eran ondas de arsénico, eran niñas jugando con ántrax. Era el cianuro de postre. Inevitablemente dañinas por inhalación, ingestión y al contacto.

Lo que antes era el antídoto ahora eran espolones sobre tu caparazón. Eran antibiogramas mal valorados, era la cura del cáncer huyendo del enfermo terminal.
“Que no me quiero salvar de ti sino contigo” parecía que gritábamos mientras tú saltabas al vacío y yo apuntaba mi frente con el cañón.

Eras tú no queriendo mi fuego, era yo abandonada en otra ciudad.

[…]

Me quedé pensando, como si el resto del universo fuera un error y las matemáticas me hubieran vuelto a fallar.

[…]

Pensé:

Yo antes tenía un poema precioso naciéndome en forma de enredadera por los dedos. Yo antes tenía un poema susurrándome al oído y lo callé para ir corriendo a hacerlo un poco realidad contigo.
Yo antes tenía un corazón impreso a golpe de cigarro, como pronosticando que aquí veníamos a hacernos daño.

Tuve a un pantera casi a mi lado. IMAGINAOS. Una pantera salvaje saliendo desde lo más profundo del  Amazonas. Firme, fuerte, penetrante. Y se sienta a mi lado y me da golpes con la cabeza en el brazo animándome a acariciarla. IMAGINAOS cuanta belleza. Presa del miedo de ser yo la presa, disparo. Y huye muy a dentro, muy lejos, a la espesura.

Tuvimos las costillas abiertas en forma de mandíbulas, toracotomía voraz. Órganos a la luz de los halógenos. Brillantes. Jadeos agitados, respiraciones cansadas. Pulmones hinchándose y deshinchándose sin ritmo alguno. Mírame, desnuda, abierta, desarticulada.
Noto en mí todavía, la sensación resbaladiza y gelatinosa de miles de manos estrujando un corazón in vivo.

Tuve, y ojalá vuelva a tener, a tus dedos recorriéndome todas las circunvoluciones de todos los lóbulos. Que liberas lentamente, libres palpitan locas todas mis neuronas. Cerebro único de supernova en implosión, barriendo todo a tu paso.

Yo tuve un terremoto entre los brazos y ahora tengo miedo de que me haga trozos muy pequeños y me lleve volando. Que destroce toda mi tierra firme convertida en tormenta tropical.


Vuelvo a mentir, yo nunca tuve nada.
Prestadas.

Me despertaste,
Droga  estupefaciente.
Demasiados gramos para estos pocos kilos...
Me despertaste con sobredosis
Fui fugaz.
Pero sé que todavía brillo.

Consiste mi vida últimamente en sentir mucho y no entender nada.

Ahora me relajo oliendo una bufanda que ya no huele,
conduciendo rápido,
cerrando el ojo izquierdo, 
durmiendo hasta mañana.

Repito, consiste mi vida en sentir mucho y no entender nada.






-H-


Y si quieres no escribiré más sobre ti porque, es verdad, no tengo ni  idea.

Aunque al menos déjame que deje por escrito lo bien que follas.

lunes, 17 de noviembre de 2014

VIVISECCIÓN DE UN ADULTO: INFANTICIDIO

Llegó al parque hace 13 años, cuando yo solo tenía 9. Todavía me acuerdo.

Mis amigos y yo dedicábamos la tarde a reparar camiones de juguete sin ruedas, muñecas sin cabeza o, a veces, puzles incompletos. Pero lo que aquel día llegó a nuestras manos, definitivamente no tenía arreglo, estaba roto por completo.

Nunca habíamos advertido nada igual. Sí, todos los niños los habíamos visto antes (en casa, en la calle, en el supermercado, en el colegio…) pero mirar a uno de ellos a los ojos nos causó dolor. Un gran dolor al que no estábamos acostumbrados. La irremediable certeza de saber que mirábamos de frente a nuestro futuro y no podíamos hacer nada para cambiarlo. Aunque esto, todavía, no lo comprendiéramos del todo.

Venía arrastrado por la diminuta mano de su hijo, el cual tiraba de él con prisa. Jadeando, cuando llegaron a nuestra altura, el niño gritó con rabia “¡ES UNO DE ELLOS, ES UN ADULTO!”
El pánico se extendió desde los bancos hasta más allá los columpios. Esto no era nuevo, hacía tiempo que veníamos sospechándolo. La enfermedad de “crecer” o “madurar” como también es conocida, se había extendido con rapidez por la ciudad. Los becarios de las oficinas la contraían el primer día de trabajo. Los jefes de nuestros padres la diseminaban en cada apretón de manos. Y dicen que los bolígrafos con los que se firmaban contratos e hipotecas también eran la causa. Fuera como fuese era nuestro deber investigar esta terrible plaga y llegar lo antes posible al fondo del asunto.




Y lo que a continuación os muestro, mis muy queridos lectores, es el informe definitivo que redactamos tras la disección del adulto que allí se hallaba (*). Muchos niños desde entonces no duermen por las noches, porque las grandes verdades siempre quitan el sueño. Los mayores, lloran para deshacerlas.


<< […] El Adulto viste triste. Traje gris y corbata con un nudo muy apretado, haciendo el papel de silenciador de carcajadas inoportunas. Camisa blanca impecable, está claro, él ya no juega. Pantalones sin agujeros, faldones muy bien metidos ahorcados por una correa. Zapatos brillantes de betún, a conjunto con el asfalto. Nudos delicadamente simétricos.
Su olor es un horrible cóctel de suavizante, colonia, tabaco,  whisky y sudor que más que asco da pena.

Tras la excarcelación de su propia armadura por parte de los bomberos, observamos que su piel es áspera y pálida, del tono de la ceniza. Uniforme, ni arañazos ni heridas. “Todas las llevo dentro”, comenta.
Tiene una cabeza de dimensiones importantes adornada con un muy cuidado corte de pelo debidamente engominado. Localizamos un mechón rebelde. Grita nervioso ¡Hay que cortarlo!
También encontramos algunos pelos blancos, suponemos que fruto de su sabiduría. Él se avergüenza de ellos. ¿Cómo es posible?

Los ojos. Los ojos están muy enfermos. No brillan. Están atravesados por miles de rayos rojos, como si se tratasen de pequeñas cicatrices acumuladas por ver cosas que no quería. Y se nota, su mirada está sucia de tanto juzgar. De no mirar con respeto. Desenfocados de mirar demasiado a los demás y muy poco a él mismo. [Quiéranse un poco] Y también son opacos, porque ocultan tantas evidencias y tantas realidades…Opacos por mentirse, por no aceptar. Las lágrimas de cavar surcos por sus mejillas perdieron la ilusión. Y no es solo esto. Explota al ver el dinero (lo hemos comprobado) y automáticamente empieza a salivar. ¿Acaso comerá billetes? Se lo damos a probar. Lo escupe (cree que el  sabor de la especulación no le gusta), pero entonces, sus manos buscan instintivamente coger el billete al vuelo. Sonríe  [¡¿No sabe que las sonrisas no tienen precio?!]

Sonríe  y aún así es extraño. Su boca de delgados labios, aún atisbando algo de alegría nunca deja de formar dos líneas paralelas inexpresivas. Como si alguien todos estos años le hubiera reprimido sus más puros instintos.  La abrimos. Una oleada de café y colillas nos echan hacia atrás. Es su aliño de la rutina. De la aceptación y la conformidad.
Su cara tiene algunas arrugas en el entrecejo, curvadas hacia abajo. Haciendo de refugio a la resignación de ser quien los demás querían que fuera. Como le ordenaron que fuera.

Nariz: afuncional. Él quería que su vida oliera de otra forma. 7.00 de la mañana: huele sudor. En el coche, ambientador de pino (pinos que por supuesto hace tiempo que no ve). A las 8.00 huele a oficina y conforme se acercan las 14.00 vuelve a ser sudor. A las 15.00 llega a casa y huele a lo que sea, pero pre-cocinado. Sus hijos comen en el colegio. La tarde le huele a pantalla de ordenador y a lejía. A las 21.00, cuando la señora de la limpieza se va huele a cerveza y con suerte, a pintura de dedos. A las 23.30 huele a porno barato y paja en el aseo, su mujer está cansada. A las 00.00 ya no huele a nada.

Sus oídos oyen y muy pocas veces escuchan. Se moldearon con palabras de menosprecio, de odio, gritos y órdenes. Con slogans de la radio.  Anuncios de teletienda; coches más nuevos, casas y tetas más grandes. Sementales octogenarios, viagra para todos. Urbanización nosequé con seguridad infinita novayaaserqueterobentodatumierda y entonces te veas débil y pequeño. Lavadora, secadora, cincomilrevolucionesminuto. El puré de tu bebé más trasgénico que nunca.

Y a veces también escucha palabras de amor. De 15.00 a 15.30, antena (insertar numero), telenovelas Venezolanas a la carta.
Y otras, son sordos. Los problemas a más de un kilómetro a la rotonda son mentira. Ciencia ficción. Ya lo resolverá algún perroflauta por mí.

[En este punto de la historia, todos los niños pasaron de la pena a la rabia. Indignados, casi sacan sus quechuas a la calle. Pequeños revolucionarios sin voz, ni voto. Siguieron con la disección horrorizados.]

Sus brazos son compactos y fuertes. 100 repeticiones, pesas de 3 kilos, 3 veces por semana. Sin alteraciones macroscópicas aparentes. Y en realidad, si. Presentan contracciones espasmódicas repetitivas. (En este momento todos nos callamos)  Tiemblan. Piden, en su idioma de músculo, MÁS ABRAZOS. Pero salen los peros, diciendo: pero es que no hay tiempo.
Al final de estos, se encuentran unas manos grandes. Grandes de querer abarcar todo. De ambición, y de puños que se cerraron por no conseguir TODO lo que quería. Puños que golpean mesas. También hay que decirlo, nunca golpea personas, aunque en su cabeza se lo imagina a diario. No consiguió ser el mejor de su promoción ¿Y qué? No hizo el gran viaje de su vida, ni vive en la ciudad que deseaba ni es su propio jefe. ¿Y QUÉ? No sabe que la solución no son puños, sino garras que arañen su rutina intentando cambiar cada día un poco. Palmas que acaricien.

[Aquí es donde los niños hacemos un llamamiento mundial escuchado por nadie: ADULTO, BUSCA NUEVAS METAS, CAMBIA, ENFÁDATE SI NO TE GUSTA ALGO, NO TE RESIGNES. PERO NUNCA ¡NUNCA! DEJES DE AMAR LO QUE TIENES Y MERECE LA PENA. Fin del comunicado. El mundo siguió dando vueltas equivocadas como siempre. Alguien se sentó encima de un cicle de fresa. Más hombres bombas recibieron llamadas, más sedantes en los hospitales. Nadie escuchó a los niños que predicaban verdades.] SIGAMOS.

Sus piernas está hechas de prisa, los nervios que las unían al cerebro decidieron suicidarse. Ahora son, completamente autómatas.
En la unión de la prisa se encuentra su sexo. Sexo rápido y robótico. Sexo homologadamente limpio. Aburrido.  Oculto, amordazado y censurado por algodón 90%, poliéster 10%. Triángulo de las bermudas, de lo que pasa aquí nunca se habla. POR DIOS, NO ES DECENTE. Invocarlo es pecado. Los hombres refinados desearían que los niños viniéramos directamente de parís. Y  creciditos.

Ya hemos visto suficiente fachada. Hacen falta demasiadas reformas para el poco presupuesto.
Nota: apuntalar todos los cimientos.

Decidimos abrir.
Para hacerlo bien empezamos por cavidad abdominal. Ahí está, hinchado y retorcido, el estómago. Realizamos una incisión a lo largo de la curvatura mayor exponiendo su contenido a la vista.  Un minuto de silencio, nunca habíamos visto tantas mariposas muertas ni tanto aborto de gusano. Según los restos, el amor murió de sobredosis de analgésicos y antiinflamatorios de última generación.
Lo más visceral, las ganas, agonizan saturadas entre la grasa de la comida. Sepultadas de kétchup y mostaza. La rebeldía y  la indomabilidad fueron domesticas a base de nudos de estómago y apagadas con remedios contra la acidez. Calla hasta las revoluciones de su propio cuerpo. Los órganos de alrededor han quedado irreconocibles, la infección se ha extendido.

Su cerebro, derretido a onda de wifi,  se encuentra desde hace muchos años en una continua guerra civil abusiva entre hemisferios hermanos. Los nervios ópticos se niegan a voltear más caras de famosos petados de bótox. Y ojalá Punset fuera celíaco.

Corazón simplemente, se ha cansado. Late lento y desacompasado. Arrítmico por el abusivo ritmo de un vida sin ritmológico sentido.  Aurículas oxidadas y doble contrachapado. Cansado de recibir sangre de un hígado que no filtra nada, riñones atascados de residuos metabólicos.
Corazón, cansado de bombear esperando un donante,un detonante.
Apagándose sin tener una razón por la que dar un vuelco,
odiándose por estar
todavía
intacto.




Diagnóstico definitivo: INFANTICIDIO.
A veces las vivisecciones son necesarias para darnos cuenta de toda la mierda que llevamos acumulada. Neoplásicos perdidos.





(*)Ningún adulto fue maltratado durante este proceso. No fue necesario, ya lo hicieron ellos solos.





-H-